← El blog de Greg / Entrenamiento
Entrenar con calor: la guía para no acabar recalentado
Cada verano, el mismo duelo: tu plan de entrenamiento por un lado, el termómetro por el otro. Y cada verano hay quien se empeña en correr sus ritmos de abril en pleno julio, se extraña de sus «malas» sesiones y acaba de cabeza en el canal, literal y figuradamente. El calor no se combate: se gestiona.
Lo que el calor le hace de verdad a tu cuerpo
Por encima de unos 25 °C, tu organismo lleva dos trabajos a la vez: producir movimiento Y evacuar calor. Parte de la sangre se desvía hacia la piel para refrigerar, así que queda menos para los músculos: al mismo ritmo, tu frecuencia cardiaca sube de 10 a 20 pulsaciones por minuto. No es una pérdida de forma, es física.
La consecuencia es poco intuitiva: empeñarse en el ritmo previsto es entrenar más fuerte de lo que pedía el plan. Tu rodaje suave se convierte en una sesión de umbral, y tu sesión de umbral en una carrera. Llega la fatiga, la progresión no — y así es como un verano de «trabajo duro» acaba en una vuelta al cole en baja forma.
Las reglas del verano
- Corre por sensaciones o por pulso, no por ritmo. Al mismo esfuerzo, tu ritmo de verano es de 20 a 40 s/km más lento. Acéptalo: la adaptación es exactamente la misma.
- Elige tus horas: antes de las 9 h o después de las 20 h. La sesión de las 14 h en agosto no es compromiso, es cabezonería.
- Bebe antes de tener sed — y a partir de una hora, lleva bebida contigo (500 ml/h como referencia, más si aprieta).
- Mueve la intensidad: hacer series en plena ola de calor es la forma más rápida de convertir una sesión de calidad en un golpe de calor.
- Adapta el recorrido: bosque, orilla del río, bucle corto cerca de casa. La sombra vale más que el desnivel a pleno sol, siempre.
La aclimatación: dos semanas, y el cuerpo cambia de verdad
La buena noticia es que el cuerpo aprende. En diez o catorce días de exposición regular, empiezas a sudar antes, más y perdiendo menos sal, y tu volumen plasmático aumenta. Traducción: la misma salida te cuesta mucho menos a finales de julio que en la primera ola de calor.
Recuérdalo antes de sacar conclusiones: las primeras salidas con calor siempre son las peores. No es el momento de juzgar tu forma ni de rehacer tu plan. También es una razón para no descubrir el calor el día de la carrera: si tu objetivo cae en verano, mete a propósito algunas sesiones en las horas calurosas durante las dos semanas previas.
Las señales que obligan a parar
Escalofríos a pleno sol, piel de gallina, sudoración que se corta de golpe, dolor de cabeza, confusión, náuseas: ya no son señales de incomodidad, son señales de golpe de calor. Se para, se busca sombra, se enfría el cuerpo (agua, hielo, paño húmedo), se bebe y no se duda en pedir ayuda. Ninguna sesión lo vale.
Y si tus números se descontrolan toda la semana, mira tu carga antes de culpar al tiempo: CTL, ATL y TSB suelen decir lo que la fatiga calla. En recuperación, el agua y algo de sal tras un sudor fuerte forman parte de la comida, no son un extra: mira recuperas en la mesa.
Estas referencias valen para un adulto sano que practica a nivel amateur. El golpe de calor por esfuerzo es una urgencia médica. Si tomas medicación, tienes una patología cardiaca o estás embarazada, consulta a un profesional sanitario antes de entrenar con mucho calor.
«En verano recalculo tus presupuestos de esfuerzo automáticamente: tu frecuencia cardiaca me dice lo que el termómetro te está haciendo pasar, y tu plan se adapta. Si tu sesión marca 6:10/km en lugar de 5:30 con el mismo pulso, no has retrocedido: has corrido dentro de un horno. Y para refrescarse, recomiendo la ducha. No la pistola de agua en las terrazas.»
Entender el coaching deportivo con IA →
Sigue leyendo
UpGreg en el Global Tech Summit de Lausana
UpGreg estará en el Global Tech Summit de Lausana el 1 de septiembre. Ven a conocer nuestro entrenador deportivo IA.
Leer el artículo →La nevera vacía de las 19 h: recuperas en la mesa
Un culín de leche y una manzana empezada no van a reconstruir tus músculos. Lo que tu cuerpo pide después del esfuerzo.
Leer el artículo →Hombros encorvados: la rutina del corredor de oficina
Ocho horas sentado y luego una hora corriendo: tus hombros pagan la factura. Seis ejercicios para reabrir el tren superior.
Leer el artículo →